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VIAJE AL INTERIOR (por Javier M. Valle)
“JAVIER M. VALLE nació en Santa Cruz de La Palma (Islas Canarias) en 1.965. Realizó sus estudios de Pedagogía en la Universidad Complutense de Madrid, Donde se licenció en 1.988. Además es Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Actualmente ejerce como profesor en la Universidad Autónoma de Madrid e interviene como profesor invitado en diversas universidades de verano. Es autor de numerosos artículos y algunos libros y conferenciante habitual en foros nacionales e internacionales.”


Javier M. Valle

El nombre de los Soria está ligado al boxeo español desde hace décadas. Desde antes de que yo fuera allí a celebrar los cumpleaños del que es hoy Don Enrique Soria Junior, compañero mío, de colegio primero y de universidad después.

Yo no entiendo mucho de boxeo. Apenas he presenciado en directo media docena de veladas en mi vida, siempre gracias a la enorme generosidad de los Soria y de José Valenciano. Una vez tuve la ocasión de conocer el boxeo algo más de cerca. Fue en el Campeonato Intercontinental W.B.O. Latino, celebrado en Zaragoza el 12 de diciembre de 1997. En aquella ocasión colaboré llevando a unos boxeadores de Madrid a Zaragoza, luego eché una mano en el vestuario y después, ya tras el combate, llevé a los boxeadores de vuelta desde Zaragoza hasta el aeropuerto de Barajas. Aquello me permitió conocer un poquito el boxeo por dentro. Primero, las impresiones de los boxeadores antes del combate, sus aspiraciones, deseos, ilusiones, expectativas. En tres horas de Madrid a Zaragoza la conversación dio para mucho. Y eso que nos entendíamos en un inglés que ellos chapurreaban y que yo intentaba interpretar. Además, mi estancia en el vestuario, junto con los púgiles en los minutos antes de saltar al ring, me permitieron ver de cerca el rito, la concentración del boxeador, el respeto por el contrario... La vuelta, ya a las tantas de la madrugada, con la victoria de unos y la derrota de otros sentadas juntas en el asiento trasero de mi coche, también me enseñó mucho de cómo enfrentarse a unas y a otras, de cómo vivir ambas con serenidad: el éxito, sin darle demasiada importancia; el fracaso, sin dejar que nos impida seguir luchando al día siguiente.

Aunque ajeno al mundo del boxeo, me he dado cuenta de que los valores que mejor definen ese deporte son: Superación, Esfuerzo, Valor y Nobleza.

Cuando alguien decide pelear en un ring de boxeo el afán de superación es la más nítida de las actitudes que en él se hace presente. Superación por entrenar cada vez más y mejor, superación por mejorar, superación por estar cada vez más y más preparado para el siguiente combate, superación por ganar, superación por llegar a ser el mejor. Nada ha sido fácil para el que está ahí arriba.

Esa superación exige un esfuerzo permanente, un constante sacrificio. Una apuesta por uno mismo cuya dote es el trabajo diario y no un trabajo cualquiera, sino un trabajo duro, muy duro. Nadie que sube a un ring lo hace sin haber pasado una largo e intenso período de trabajo en el que el esfuerzo, hasta un límite en que llega a ser doloroso, es el protagonista. El ejercicio físico, la concentración mental, la serenidad personal, hasta la dieta... todo requiere un enorme esfuerzo personal.

Cuando la pelea va a comenzar, el valor se puede percibir de forma tan ostentosa que se podría tocar con las manos. La diferencia entre el cobarde, el valiente y el suicida es aquí primordial. El cobarde no se enfrenta si no tiene garantizadas todas las posibilidades de éxito. El valiente se enfrenta siempre y cuando tenga al menos una. El suicida se enfrenta, sin cabeza, aunque no tenga ninguna posibilidad de éxito. El boxeador es, ante todo, alguien valeroso. Si cree que hay alguna posibilidad de ganar, aunque sea remota, pelea por ella. El valeroso no siempre es ajeno al miedo, pero es capaz de superarlo. Eso le distingue también del cobarde. El cobarde está regido por sus miedos; el más fuerte de todos ellos, el miedo a sí mismo. El valor de alguien que sube a un ring si tiene alguna posibilidad de ganar es algo que muchos deberíamos practicar con más frecuencia en nuestra sociedad, una sociedad que sólo aborda las seguridades, que sólo da pasos sobre terrenos firmes, que no arriesga, que no juega si no es sobre seguro.... Y no hay que equivocarse, el boxeador lucha no tanto desde la fuerza cuanto desde ese valor, el de quien cree que merece la pena luchar si existe una sola posibilidad de ganar, por pequeña que sea.

Y, por último, quiero referirme a la nobleza. Quien no ha estado nunca cerca de un ring no se imagina el respeto que existe entre ambos contrincantes. El propio reglamento del boxeo ya da idea de su nobleza, pero las actitudes de los contrincantes sobre la lona, lo encarnan definitivamente. He visto en el boxeo como ambos contrincantes se saludan con respeto al comienzo del combate y al inicio de cada asalto, he visto pedir disculpas ante un golpe inapropiado, he visto como el ganador levantaba el brazo del perdedor en justo reconocimiento a su buena lucha, he visto al perdedor subir a hombros al ganador... he visto muchos más gestos de nobleza en un solo combate de boxeo que en cientos de espectáculos deportivos de otras especialidades.

Desde tantas décadas como conozco a la familia Soria, Senior y Junior, así como posteriormente a José Valenciano, me he dado cuenta que todos sus miembros son la mejor muestra de quienes encarnan esos cuatro valores que tan bien definen el boxeo: Superación, Esfuerzo, Nobleza y Valor. En el combate más duro, en el de la vida, no he encontrado luchadores con tanto afán de superación, siempre queriendo hacer las cosas mejor, para sí mismos y para todos los que les rodean; con tanta capacidad de esfuerzo, trabajando todos durante toda la vida, incluso fines de semana y fiestas, sin importarles qué día es, sino que el trabajo debe estar terminado, y bien hecho; con tanta nobleza de pensamiento y de acción, siempre francos en lo que dicen y siempre coherentes con lo que hacen; y con tanto valor, que los Soria y todo su equipo de amigos de Tundra Barceló, son siempre capaces siempre de enfrentar cualquier reto que deban superar (y en algunos momentos han sido retos muy difíciles).

No han cejado jamás en su empeño, no se han desvanecido jamás, trabajando juntos, como una familia que es, de auténticos boxeadores de la vida.

Doy gracias por que se hayan cruzado en mi camino. Y las doy también por las lecciones que de ellos he aprendido y por el modo en que me las han enseñado.

Javier Jr.-
Doctor en Ciencias de la Educación

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